La Compañía de Jesús, propietaria del Monumento a los «héroes de Simancas» ha emitido una nota de prensa para defender la permanencia del monumento fascista, abogando por su resignificacion. La nota no tiene desperdicio y es digna de un análisis detallado porque nos da claves importantes del concepto de Memoria Histórica que tienen ellos, pero también que se tiene desde el propio Estado y que viene a explicar las claves de la Transición.
Dicen los Jesuitas en su nota que la reconciliación es «un valor fundacional» de la Institución. Curioso: su concepto de reconciliación en su Fundación fue hacerles un monumento a los que se levantaron con las armas contra un gobierno democrático legítimo, a los que para colmo califican como «héroes». No a los soldados de ambos bandos lucharon y murieron en ese escenario. Esa es su memoria histórica: la de los vencedores en la Guerra.
Se quejan amargamente de que cada vez que se habla del tema «se va a posturas extremas», situándose en la siempre engañosa equidistancia que equipara a verdugos (los que se levantan en armas contra un gobierno legal, democrático y legítimo) y víctimas (quiénes defendieron a ese mismo gobierno). Una equidistancia también falsa, ya que no tienen ningún problema en que allí se celebren actos de exaltación fascista. Esa también es su memoria histórica.
Pero lo más increíble es cuando el comunicado alude a los valores de sustento de la memoria histórica democrática: verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. Un lema que todos recitamos y que son la base de la declaración de los Derechos Humanos. Solo que los jesuitas se permiten un cínico cambio: en lugar de «justicia», ellos eligen la palabra «paz». Y no es baladí porque ese detalle es el que nos da la clave del concepto de Memoria Histórica que se tiene en nuestro país aún en estos días y que explica la Transición: paz por justicia. O lo que es lo mismo: impunidad.
La Justicia es la clave, porque sin ella no puede haber verdad. Hay tantas verdades históricas como lineas de pensamiento histórico. Todo es interpretable, por lo tanto la verdad de las víctimas es solo una línea histórica, tan válida o invalida como cualquier otra. Lo que da carácter de verdad incuestionable son las leyes y las sentencias judiciales que avalan esa verdad histórica. Por eso los jueces en este país, descendientes directos del aparato judicial franquista, se niegan a juzgar tanto al franquismo como sus crímenes.
Naturalmente, sin sentencias judiciales no puede haber reparación real a las víctimas, ni a sus descendientes. Y, desde luego, si a quiénes cometieron aquéllos crímenes no reciben ninguna sentencia de que lo que hicieron fue un crimen y pagan la correspondiente pena, el mensaje que se está transmitiendo es que perpetrarlos no tiene consecuencias. O mejor dicho: las tiene, pero beneficiosas para los criminales que obtuvieron réditos económicos, políticos y sociales por sus delitos. Por lo tanto, en lugar de garantizar la no repetición se nos da el mensaje de que estos crímenes quedan impunes ¿Porque no habrían de repetirlos?
La paz que nos venden los jesuitas es la de los cementerios y ni siquiera, porque las víctimas de las fosas comunes ubicadas en los cementerios -¡qué decir de los que descansan en cunetas o trincheras habilitadas!- no descansan en paz, ni ellos, ni sus familias, en tanto y cuanto no reciban Justicia.
La Transición Española se realizó sobre esa clave que los jesuitas citan: paz por justicia. Impunidad. Y las distintas leyes estatales que se han realizado consagran esa impunidad, al negarse a derogar la Ley de Amnistía preconstitucional, que sirve en realidad de Ley de Punto Final, a pesar de que las Leyes de Punto Final están prohibidas por el Derecho Internacional. Algo que saben los jueces, pero que han decidido ignorarlo. > Covadonga Tomé: Y ese es el objetivo de quiénes defienden la no aplicación del derecho. Y su estrategia es poner chinitas en todas las pequeñas conquistas memorialistas. Cada una de ellas es una pequeña concesión por la que debemos estar agradecidos. ¿Juzgar al franquismo y sus crímenes? Ni de coña. Y ahí, habría mucho que explicar, pero nadie lo hace. Pregúntense el porqué.
